LA VIRGEN DE LA PAZ Y LA DÉCADA DE LOS AÑOS 20

 

Por Juan Manuel MORENO GARCÍA

 

De la publicación conmemorativa “NTRA. SRA. DE LA PAZ,

 X aniversario de su Coronación canónica, Antequera 1988-1998”.

 

 

La década de los años 20 también fue "Belle Epoque" para los antequeranos. Después de años de postración y abandono, la Administración Municipal de Carlos Fernández de Rodas y José de Rojas y Arrese Rojas abre una etapa de modernización y mejoras ciudadanas de todo orden. El pueblo lo aplaude y reconoce.  

El silencio de las Semanas Santas paralelas a la Guerra Europea del 1914-1918 cesa como hoja histórica que se la lleva el viento. Renace el desfile de las procesiones de la Semana Santa Antequerana. La secular antinomia 'Arriba-Abajo' entra en un mero círculo de anécdotas del pasado. Ahora es hora de coexistencia pacífica y unión de esfuerzos para engrandecer la Ciudad.

La Cofradía del Dulce Nombre de Jesús renueva el cuadro de sus Directivos. Ahí están los pilares del renacimiento con sus nombres y apellidos: José de Rojas y Arrese Rojas, José de Talavera Delgado, Juan Franquelo Facia, José León Mota, Francisco Checa, Fernando de Talavera Delgado y Ricardo Talavera Gómez.  

La prensa local de los años 1920 (“Antequera por su amor”, “El Sol de Antequera”, muy principalmente) dedican muchas de sus páginas a la hermosísima imagen de la Virgen de la Paz en su paso procesional. Políticos, Administradores, Teólogos, Artistas, Poetas, narradores hablan de la Señora y se observa un crecimiento cuantitativo de los elogios que en todo orden se le tributan.  

Los fotógrafos locales (Emilio, Genaro, Munio, Cantos, Morente, Cañas ... ) han contribuido a formar una ingente producción de fotos ilustraciones sobre estos cua- tro grandes temáticos de la Virgen de la Paz: a) El busto de la Virgen enfatizando su rostro y manos, corona y puñal de pasión; b) La imagen completa en su paso, en el interior de Santo Domingo, preparada para salir de procesión; c) La imagen en su paso de palio dentro del escenario urbano: a las puertas de su templo, bajando la Cuesta del Viento, en la Plaza de San Sebastián y por las amplitudes de la calle Estepa; d) Oblicuados escorzos de evidente belleza y creatividad. En muchas ocasiones la efigie de La Paz ocupa la cubierta de la prensa local en toda su amplitud. Tal sucede en el Número 10, de abril de 1928 en “Antequera por su amor” y en 1929 en el periódico mensual de los Congregantes Marianos intitulado “El Propagador”.  

Durante la década de los años 20, merced a los estudios e investigaciones publicadas en esas fechas por el erudito José María Fernández, el pueblo antequerano sabe bien que la Virgen de la Paz es obra documentada nacida de la gubia del Maestro de Escultura Miguel Márquez García 'circa' 1815. Sabe también de la dulzura, hermosura, exquisitez y delicadeza de su rostro y de las aperladas lágrimas que se deslizan por él. Aumentan las inscripciones en la Cofradía del Dulce Nombre y los de “Abajo” ascienden el voltaje de su significado en la ciudad.  

Procedentes de este momento histórico me han llegado noticias de importancia acerca del taller de escultura que Miguel Márquez tuvo en la calle Comedias a raíz del triste episodio de la 'francesada'. Durante los años 1805-1810 tuvo a su sobrino Manuel de Burgos como aprendiz y ayudante. Y convendría estudiar más a fondo la amistad y relación de Márquez con el Procurador Don Miguel de Ortega, Contador de Propios, quien influye decididamente en algunos aspectos estéticos del proyecto de la escultura de la Virgen de La Paz. Igualmente la influencia de la viuda Angela Ramos. En otro orden distinto, la amistad y colegaje con los alarifes Gabriel Navarrete y Joseph Cabero y el pintor y dorador Miguel de Carvajal.  

Un trasunto tan logrado y bello como Nuestra Señora de la Paz no es una obra solitaria, sino solidaria. No fue un logro independiente sino interdependiente. Aunque desde luego nadie puede negar la patente de autoría al inspirado Márquez García, y la notable influencia de su progenitor Diego Márquez de la Vega.

Durante la década de los años 20 se objetiva y pone en su sitio como fueron y acontecieron en rigor los hechos históricos de la Cofradía del Dulce Nombre, su origen y establecimiento al calor de los frailes dominicos. Lo explica muy bien con su pintoresco estilo gráfico, en abril de 1924, Ricardo de Talavera Gómez. El pleito entre los Terceros y los Dominicos, entre los Narváez y los Chacones, se vence a favor de éstos últimos. Y cuando en 1815 la imagen de vestir de la Virgen de La Paz llega a Santo Domingo, hace ya mucho tiempo que el litigio jurídico se terminó aunque las discusiones verbales y los enfrentamientos violentos entre ambas instancias continuaron hasta el punto de que el jefe Político de la provincia de Sevilla y el Gobernador de Granada dictaron resoluciones prohibiendo los desfiles procesionales del Viernes Santo hasta que fueron finalmente recuperados el 22 de marzo de 1833.

Sobre la Virgen de La Paz se escribió en la década de los años 20 de muy diversas maneras. En poesía y en prosa. En el aparato de la investigación histórica rigurosamente documentada y en el itinerario cronológico de las crónicas. No se trata ciertamente de un modelo de yuxtaposición indigesta, sino de equilibrada integración. Así, de esta forma, quien desee conocer bien el significado de la Virgen de la Paz en Antequera ha de extender su mirada por todas y cada una de estas aportaciones.

José Muñoz Burgos, Mariano B. Aragonés, Juan de Dios Negrillo Vílchez, Carlos Valverde, Rafael de la Linde y Ricardo de Talavera Gómez forjan con sus delicadas expresiones verbales lo que a mí me gusta llamar 'Epítome de laudes a la Virgen de la Paz' (Hermosa, Bella, Luz, Reina, Anhelo, Faro, Guía, Dolor contenido, lágrimas como perlas... manos amorosas, puñal de nuestro sufrimiento excelsa corona de Antequera, labios entrañables susurrando mi nombre y el nombre de Antequera ... ). A estos prosistas y poetas hay que añadir la colaboración de algunos frailes capuchinos como Fray José de Chauchina y fray Gonzalo de Córdoba. En el aparato de la investigación histórica destaca la colaboración del polígrafo José María Fernández. Y respecto a las Crónicas, todas ellas están en las páginas de 'El Sol de Antequera' a punto de cumplir ahora sus 80 años de existencia (1918-1998).